Por Sergio Federovisky (*)

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El gobierno argentino, jugado a favor de una actividad megaminera extractivista, que ha demostrado dejar nada no menos nada en el país salvo pasivos ambientales y que se lleva sin procesar ni pagar demasiados impuestos la abrumadora mayoría de los recursos que extrae, apuesta por Barrick.

15/05/2013 00:39 AM | ¿Puede una empresa llevar adelante un emprendimiento binacional y ostentar estándares de protección ambiental opuestos de un lado y del otro de la frontera?
¿Es posible creer que la misma empresa minera multinacional es capaz de ser sancionada al borde de detener el proyecto de extracción de oro de un lado de la cordillera y ser absolutamente respetuosa de esos parámetros cuando se cruzan los Andes?
Estamos hablando de Barrick. Y todo lo que se trate acerca de Barrick es trascendente en la Argentina porque es el muestrario de la base de sustentación de la actividad productiva que ha elegido el modelo. Y más importante es cuando se verifica que la quintaesencia de ese modelo -que en el campo la encarna la soja- se puede traducir simple y sencillamente como el extractivismo más puro y duro.
Barrick consiguió del gobierno argentino un aval irrestricto para emprender cuanto proyecto, y del modo que elija, para extraer minerales en el país sin más condiciones que hacerlo. La propia presidenta Cristina, en un insólito viaje de Estado a Canadá que incluyó como frutilla del postre un almuerzo exclusivo con el controvertido titular de Barrick, Peter Munk, fue a decírselo personalmente. La respuesta fue la puesta en marcha del proyecto de Veladero en San Juan con el apoyo irrestricto del gobernador José Luis Gioja. A cambio, el gobierno kirchnerista vetó la ley de glaciares, la aprobó luego sin más remedio pero con modificaciones impuestas por la minera, convalidó un recurso de amparo (de esos que hoy se quieren prohibir) para que no entre en vigencia, y vació el instituto científico que debe hacer el inventario de glaciares. En los hechos, la ley que debe regular la protección de los cuerpos de hielo que funcionan como reservorio del agua que baja de la Cordillera no está vigente o, lo que es peor, quedó en manos de las provincias (todas gobernadas por señores amantes de la megaminería).

Del otro lado

Luego Barrick puso en marcha el mayor proyecto de extracción de oro del mundo, pensado para "calzar" con el fin de una explotación canadiense. Pascua Lama, además, tiene la característica de ser el único emprendimiento minero aurífero binacional del planeta: lo comparten Argentina y Chile, siendo que en este segundo país se extraerá el 75 por ciento del mineral.
Hace algunas semanas, la justicia chilena decidió detener el proyecto de Pascua Lama en su territorio: la decisión judicial apuntaba a darle sustento a la denuncia de organizaciones locales acerca del daño que padecerían tres glaciares -Toro I, Toro II y Esperanza-. Inmediatamente, la ministra de Medio Ambiente de Chile salió a respaldar la decisión de la justicia: había que parar Pascua Lama por ausencia de garantías ambientales.
La noticia cayó pesada y generó el descabezamiento de toda la cúpula empresaria de Barrick en el cono sur y en Chile especialmente. Es que la presunta vocación ambiental de la empresa -que todos cuestionan abiertamente y es el motivo de la enorme resistencia que generan sus proyectos allí a donde se aposenten- quedaba claramente desmentida por la realidad. Un gobierno de derecha, el de Sebastián Piñera, apegado a la lógica del mercado como una religión sacrosanta, convalidó una decisión judicial de detener -por ahora provisoriamente, pero quizás de manera definitiva- un proyecto que promete espejos de todos los colores para países de escasos recursos como Chile y Argentina.
"La empresa reconoció 22 de los 23 cargos formulados por la SMA y con ello evitó iniciar un proceso en el Tribunal Ambiental y se allanó a las medidas sancionatorias que le formulará la autoridad ambiental". El párrafo está incluido en una nota del diario La Tercera de Chile, titulado "Radiografía de una crisis medioambiental: los errores de Pascua Lama y las sanciones que arriesga". Allí queda bien claro que "el proyecto binacional de oro y cobre que Barrick impulsa entre Chile y Argentina constituye el primer caso emblemático de la nueva Superintendencia de Medio Ambiente". Es decir que el Estado chileno tiene una vocación de investigar la pertinencia de los proyectos mineros y, si no concuerdan con el criterio precautorio, detenerlos.
Parece ser que el comportamiento de Barrick, tan claramente censurable en Chile, se convierte al cruzar los Andes. De este lado, dijo el secretario de Minería Jorge Mayoral apenas conoció que la justicia chilena sancionó el escaso apego ambiental de Barrick, "Pascua Lama goza de buena salud". Es más, con la inestimable colaboración del gobernador Gioja, se le ofreció a la empresa que apunte a yacimientos no incluidos en este tramo de la explotación, para no perder ritmo, no descalzarse financieramente y no tener lucro cesante.
El gobierno argentino, jugado a favor de una actividad que ha demostrado dejar nada no menos nada en el país salvo pasivos ambientales y que se lleva sin procesar ni pagar demasiados impuestos la abrumadora mayoría de los recursos que extrae, apuesta por Barrick. Y no usa de antecedente una decisión de la justicia chilena acerca de un proyecto que ambos países comparten.
El modelo.

(*) Coordinador editor



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