CURIOSIDADES DE LA HISTORIA

El Gral. San Martín en Tucumán (1ª parte)Por Juan Pablo Bustos Thames *


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Pese a que la tradición y muchos historiadores sostienen que, tras la retirada del Alto Perú, Belgrano y San Martín se encontraron en Yatasto, dos testigos presenciales señalan que el encuentro se habría producido en Tucumán: José María Paz y nuestro comprovinciano Gregorio Aráoz de Lamadrid.

16/08/2010 04:51 AM | Luego del desastre de Ayohúma, el Ejército del Norte, comandado por el Gral. Manuel Belgrano tuvo que abandonar el Alto Perú, por segunda vez, e intentar reorganizarse en las "Provincias Bajas".
Lo que quedaba del otrora victorioso ejército de Tucumán y Salta eran alrededor de 800 hombres andrajosos, mal alimentados, armados e instruídos.
Sin embargo, todas las retiradas que conducía Belgrano se efectuaban en el más riguroso orden, como lo recuerda el entonces Capitán José María Paz: "se acabaron de reorganizar nuestros pequeños restos para continuar al día siguiente nuestra retirada con un orden tal que la disciplina más severa se observó en todas las marchas que se siguieron. Allí fue donde, formando un cuadro, se colocó dentro el General para rezar el Rosario, lo que fue imitado por todos".
Joaquín de la Pezuela, el general español que triunfó en Vilcapugio y Ayohúma lo reconoció también: "Las tropas de Buenos Aires, es menester confesar, que tienen una disciplina, una instrucción y un aire y despejo natural como si fueran francesas".
Mientras la retaguardia patriota era cubierta por el heroico regimiento de caballería de los Dragones del Perú, y la infantería montada, comandada por Manuel Dorrego, sus restantes camaradas se retiraban hasta Salta.
Luego de la derrota, Belgrano había solicitado al Gobierno su propio relevo, asumiendo su propia responsabilidad: "He sido completamente batido en las pampas de Ayohúma, - le escribió a San Martín - cuando más creía conseguir la victoria, pero hay constancia y fortaleza para sobrellevar los contrastes y nada me arredrará para servir, aunque sea en la clase de soldado, para la libertad e independencia de la Patria".
El Segundo Triunvirato ordenó a José de San Martín auxiliar de inmediato, con refuerzos, al desbaratado Ejército del Norte. El “Padre de la Patria” era, con Carlos María de Alvear, el militar profesional mejor preparado de las Provincias Unidas.
Ya en Salta, Belgrano recibió, como adelanto de refuerzos "un escuadrón de Granaderos a Caballo, del regimiento que había formado el entonces coronel don José de San Martín: no tuvo ocasión de cargar ni aún de entrar en lo arduo de un combate; pero debo decir que me agradó el continente de aquellos soldados, cuyos oficiales, sin embargo, eran muy novicios", comenta Paz. La llegada del futuro Libertador, con el resto de los refuerzos fue, para muchos, el 21 de Enero de 1814, en Yatasto; momento en que ambos próceres se encontraron, uniendo sus fuerzas.
San Martín había traído consigo 100 artilleros; otro escuadrón más de los Granaderos (los dos restantes estaban en la Banda Oriental), y un batallón del Regimiento Nº 7. Paz los calificó así: "A más de los escuadrones del regimiento de Granaderos a Caballo, había venido a engrosar el ejército un hermoso batallón de setecientas plazas (el número 7) al mando del teniente coronel don Toribio Luzuriaga. Venían instruídos en la táctica moderna, de modo que eran los cuerpos que servían de modelo en las dos armas".
Originariamente, San Martín debía asumir como Mayor General (segundo jefe) del Ejército del Norte, en reemplazo del coronel Eustaquio Díaz Vélez, quien se había marchado a Buenos Aires, después de haberse desempeñado por casi tres años. Sin embargo, el 18 de Enero de 1814, el Director Supremo don Gervasio Posadas ordenó a San Martín relevar a Belgrano en la jefatura del Ejército del Norte: "Excelente será el desgraciado Belgrano, será igualmente acreedor a la gratitud eterna de sus compatriotas, pero sobre todo entra en nuestros intereses y lo exige el bien del país, que por ahora cargue Usted con esa cruz".
Así, a la semana de haberse incorporado al Ejército, y ya en Tucumán, el 28 de Enero de 1814, San Martín asumió como comandante, sustituyendo a Belgrano, quien lo superaba en rango y edad.
Lejos de resentirse, Belgrano aceptó ponerse bajo las órdenes de un soldado profesional, para aprender los rudimentos básicos en el manejo de los ejércitos; ya que él, en el fondo, era un abogado improvisado de general. De este modo, Belgrano quedó - cuenta Paz - "como simple coronel de su regimiento número 1 de infantería, que sólo contaba un batallón". Era el antiguo Regimiento de Patricios, su favorito, en el cual había servido como Sargento Mayor, durante las Invasiones Inglesas, iniciándose en la carrera de las armas.
Como primera medida, San Martín ordenó al coronel Manuel Dorrego, jefe de la retaguardia, que se adelantara con sus hombres hacia Tucumán, para reunirlos a todos, disciplinarlos e instruirlos en las nuevas técnicas de la guerra. A fin de cubrir el Norte, así desguarnecido, destacó entonces a un hábil e inteligente salteño que era gangoso, carismático, popular y elocuente; vestía un llamativo y lujoso uniforme; era buen conocedor del terreno y maestro de la guerra de guerrillas, aunque nunca se enfrentaría en persona en combate con el enemigo. Se trataba de Martín Miguel de Güemes; a quien San Martín le encomendó emprender con milicias de gauchos una "guerra de recursos" en Salta y Jujuy, contra los realistas, cubriendo así las espaldas del Ejército del Norte, mientras éste se instruía y remontaba.

La versión del Encuentro en Tucumán

Pese a que la tradición y muchos historiadores sostienen que Belgrano y San Martín se encontraron en Yatasto, dos testigos presenciales señalan que el encuentro se habría producido en Tucumán: José María Paz y nuestro comprovinciano Gregorio Aráoz de Lamadrid.
En su momento, Belgrano le había ordenado a Lamadrid que reclutara en la campaña tucumana jóvenes voluntarios para integrar su escolta. Al regresar éste por nuestra ciudad, con su cometido cumplido, advirtió que San Martín, ya había llegado, y se proponía completar los escuadrones de Granaderos que habían venido con él.
Ese mismo día San Martín ordenó a todos los oficiales que presentaran a las 4 de la tarde, en la calle de La Merced (la actual Rivadavia, 1ª cuadra) a todos los hombres disponibles para ser revistados y poder seleccionar los más aptos para remontar sus Granaderos a Caballo. Lamadrid protestó ante su superior porque "aquellos hombres eran voluntarios para servir bajo mis órdenes en la escolta del General en Jefe y cuya fuerza no formaba aún cuerpo alguno reconocido en el ejército. No hubo excusa, se me ordenó los presentara".
Como los restantes oficiales, para no desprenderse de sus mejores soldados, llenaron el número requerido "con los hombres de menos importancia", cuando San Martín pasó revista de los propuestos, separó a pocos de ellos, "pero habiendo llegado a los 25 que yo presenté - cuenta Lamadrid -, los miró de un extremo a otro, y mandó que saliesen todos al frente y fueron destinados a Granaderos, ordenándome en seguida que los restantes fueran incorporados a mi compañía". Estos fueron los primeros 25 Granaderos tucumanos incorporados en nuestra Provincia.
Por ello, Lamadrid fue "hecho reconocer en la orden general por ayudante de campo del señor General en Jefe José de San Martín". Dos días después, le comunicaron a Lamadrid que "habían dado orden para disolver los voluntarios, destinando 15 hombres a la artillería, 25 a Granaderos, y el resto distribuido entre las compañías del cuerpo". Era el fin de la "Escolta de Belgrano". Entonces Lamadrid se dirigió directamente a San Martín, para "hacerle presente que aquellos hombres los había yo reunido voluntarios por orden de su antecesor, el general Manuel Belgrano, para servir en su escolta bajo mis órdenes; y que distribuyéndolos en otros cuerpos, no sólo quedaba desacreditada mi palabra para otra vez que se ofreciera, sino que aquellos hombres se irían, por cuanto se habían prestado a seguirme bajo la condición ya dicha".
A lo que San Martín respondió: "¿Se queja Ud. de que se disuelva su fuerza?. ¿Cree Ud. que estando a mi lado le faltará mejor acomodo?. Deje Ud. que se cumpla lo mandado. Si se van algunos, no importa". Lamadrid, frustrado por segunda vez replicó: "No me quejo de ninguna manera, mi general, de su mandato… pero me es sensible el inesperado engaño con que he arrancado a estos jóvenes del lado de sus padres para dejarlos ahora abandonados". El mentado escuadrón quedó disuelto; y sólo los 18 muchachos que quedaron con Lamadrid permanecieron a su lado. Muchos jóvenes y adolescentes que fueron distribuidos en los otros cuerpos desertaron en los días siguientes.
Cuenta luego Lamadrid que, a los pocos días llegó a la ciudad "el señor general Belgrano con los restos del ejército y los entregó al Señor San Martín".
Su camarada, José M. Paz, en tanto, coincide con esta versión y dice que "ya en ese tiempo había llegado el coronel San Martín a Tucumán, y nombrado general en jefe del ejército, había tomado el mando de él". Sin embargo, ninguno nos cuenta cuál fue la reacción de Belgrano al arribar a Tucumán y enterarse de que su sucesor, San Martín, lo había dejado sin escolta alguna.

*Abogado, Ingeniero en
Sistemas de Información y
Docente Universitario



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