El Mundo
Bush no acepta la derrota en Irak
Por Alberto Galeano
De la Agencia TELAM
BUENOS AIRES.-Quienes piensan que el presidente George W. Bush es más terco que una mula, deben sentirse satisfechos tras las nuevas declaraciones del mandatario en las que repite que es posible ganar la guerra en Irak.
Quizás Bush niega la realidad. No leyó aún un informe de la inteligencia estadounidense que dice que Al Qaeda reconstruyó su capacidad operativa al mismo nivel que en el verano de 2001, poco antes de los atentados del 11 de septiembre de ese año.
Tal vez, el mandatario no comprende que el fundamentalismo islámico está emergiendo en lugares donde antes de la invasión de Irak, en marzo de 2003, no existía el terrorismo ni la violencia sectaria como ocurre ahora en la tierra del ahorcado presidente Saddam Hussein.
Ni leyó que el viernes fue asesinado un periodista iraquí que colaboraba para The New York Times, o que el día anterior fueron muertos un camarógrafo y un chofer de la agencia británica Reuters, durante enfrentamientos entre fuerzas estadounidenses y milicianos chiitas en Bagdad.
“Podemos tener éxito en Irak”, dijo Bush al presentar un informe ante el Congreso, que encontró ocho puntos significativos sobre 18 en Irak, mientras la Cámara de Representantes analiza un pedido del mandatario para esperar hasta septiembre para decidir el inicio de la retirada norteamericana de ese país.
Como en otras oportunidades, el presidente estadounidense insistió en vincular a la red de Al Qaeda con los atentados del 11-S, que causaron 3 mil muertos en Estados Unidos.
“Al Qaeda no existía en Irak antes del 11-S, pero creció con fuerza y magnetismo tras la invasión estadounidense en 2003, la cual llevó a Estados Unidos a desplegar 100 mil militares en el corazón de Medio Oriente”. Lo cierto es que el Líbano, el Magred y, sobre todo Irán por su apoyo a los chiítas en Irak, parecen ser los nuevos objetivos de la red de Ben Laden, cuyas fuerzas se extienden por toda la región.
A esta situación se suman los acontecimientos ocurridos esta semana en Pakistán, donde el ejército de Pervez Musharraf reconquistó una mezquita y mató a un líder islamista pro talibán y cercano a Al Qaeda, así como la irrupción del grupo Ansar al Islam en Líbano, inspirado por Abu Mussab el Zarqawi.
La revuelta en Islamabad, que culminó con la muerte del clérigo Abdul Rashid Ghazi, puso en jaque al gobierno de Musharraf, cuya gobierno tambalea en medio de la presión de los islamistas, por un lado, y por las denuncias de corrupción por parte de la oposición. La situación de Irak, donde los enfrentamientos entre los chiítas y sunnitas son cosas de todo los días, parecen beneficiar a la red fundamentalista que se inclina por el segundo grupo religioso que apoyaba a Saddam Hussein.
“Estamos dándoles a los persas en general y a los dirigentes iraníes, en particular, un plazo de dos meses para poner fin a todas las formas de respaldo a los chiítas y poner fin a toda injerencia directa o indirecta en los asuntos de Irak”, dijo Abu Omar al-Baghdadj, jefe máximo del Estado Islámico en Irak, que incluye a la rama de Al Qaeda en ese país.
El retiro de las tropas norteamericanas es demandado por la mayoría de los estadounidenses, en momentos en que la popularidad de Bush alcanza apenas al 29%.
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