Opinión

Domingo 15 de Julio de 2007
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NO TAN SECRETO

Desde que el “aparato” opera en los comicios, los votantes prácticamente hacen público el voto a emitir.

En breve los tucumanos concurriremos a las urnas para expresar nuestra voluntad democrática y elegir así los gobernantes que dirigirán los destinos de la provincia en los próximos cuatro años. Allí ejerceremos el derecho constitucional de emitir nuestro voto secreto y obligatorio, además de universal e igual, según lo define la Carta Magna en su artículo 43.
Un par de adjetivos (secreto y obligatorio) que en el contexto eleccionario fueron perdiendo su etimología. Hoy el voto no parece ser tan secreto como dice la Constitución. Cada domingo de elecciones miles y miles de vehículos, claramente identificados con el nombre de quien los contrató, llevan y traer vecinos hacia las escuelas para que emitan su sufragio. ¿Pasa por la mente de alguien que ese esfuerzo dirigencial no tenga algún reaseguro que otorgue la tranquilidad de que el voto del “obligado pasajero” tiene un destinatario preestablecido? Entonces, de secreto muy poco. Es más, para hacer una merituación, tal vez demasiado experimental, pero merituación al fin, de cómo es el comportamiento y la tendencia de las preferencias de candidatos en tal o cual escuela, bastará con realizar un rápido racconto del nivel de movilidad que disponen los dirigentes postulados, dicho de otra manera, de cuantos vehículos debidamente identificados van y vienen con gente que, seguro, lleva el voto en el bolsillo. Cuando aparecen los bolsones y otras dádivas que son clásicas y conocidas, ¿se puede hablar de voto secreto? Es cierto que el ciudadano común tiene la última palabra en el cuarto oscuro, pero siempre aparecen las estrategias para que el sufragio lleve el destino que esperan quienes conducen las masas.
Paradójicamente, el voto es secreto para evitar cualquier tipo de presión, de manera que nadie se entere a quién se está votando. Toda una utopía particularmente en aquellos sectores de la sociedad donde el poder del “aparato” tiene su influencia.
La obligatoriedad del sufragio, si bien mantiene su vigencia declamativa, cada vez es menor el nivel de cumplimiento de los descreídos y las sanciones que caen sobre ellos. El alto porcentaje de votantes que no concurre a las urnas sigue siendo importante, a pesar del clientelismo político que se encuentra profundamente arraigado en el país y nuestra provincia.

Con las urnas llenas

“Llenen las urnas de buena memoria”. Una expresión que para los tucumanos comenzó a sonar con mucha fuerza recién el gélido 9 de julio, cuando el gobernador José Alperovich incluyó esa frase en el mensaje que leyó en el hipódromo ante la presencia de las autoridades nacionales.
El propio presidente Néstor Kirchner fue el encargado de anticipar esa mención el pasado miércoles 18 de abril en La Plata, cuando participó de un acto en donde anunciaba obras en asentamientos para gente con menores recursos. En esa circunstancia había advertido que “es necesario que los argentinos tengan buena memoria. Confío en los argentinos y se los digo a los dirigentes que ahora es tiempo de gobernar y que confíen que cuando llegue el 28 de octubre los argentinos llenarán de memoria las urnas”. Una actitud similar, en materia de pronunciamientos, asumió hace apenas algunos días en Quimilí, una localidad de la provincia de Santiago del Estero, lugar en donde habló en igual sentido.
De a poco, el mensaje de la buena memoria en las urnas comienza a instalarse en la campaña que ahora busca catapultar a la senadora nacional Cristina Fernández a la primera magistratura del país. Lo que Alperovich hizo el 9 de julio fue darle un espaldarazo local al mensaje presidencial de persuasión electoral y ayudar de esta manera al sostenimiento de este “caballito de batalla” en medio de esta etapa proselitista. Claro que en el marco de la buena memoria seguramente existen recuerdos que llenan de satisfacción, y otros que son para el olvido.
En una buena memoria bien pueden aparecer figuras que alguna vez recibieron el beneplácito y la aceptación popular, hoy influenciadas por el desgaste propio de la política. Ese desgaste que es inevitable y que se concreta con el correr del tiempo.
El que avanza en algunos casos con mayor lentitud que en otros, pero que inexorablemente se va produciendo para corroer la imagen, particularmente de aquellas personas con responsabilidades de conducción política.

El fantasma del desgaste

Igual, no todas las actividades observan las mismas características en el desgaste de sus actores. En el deporte por ejemplo, saber retirarse a tiempo es vital. Primero para no deteriorar el reconocimiento y el respeto conseguido en el seno de la sociedad, y en segundo lugar, porque el paso de los años va menguando la capacidad del deportista como tal.
En la política, sus principales protagonistas pertenecen a aquel segmento de la sociedad que mayor resistencia opone a la posibilidad de quedar “fuera del escenario” y pasar a ser un recuerdo; una parte de la historia.
El mensaje persuasivo de llenar la urnas con buena memoria, se inscribe entonces en las estrategias desarrolladas para invadir el sentimiento de la gente, para potenciar sus ideologías en busca de un convencimiento de fondo. Nada más distanciado de la realidad. Ese intento persuasivo ha necesitado en los últimos años de la instauración del clientelismo político, una práctica que se encuentra firmemente arraigada en las democracias de Latinoamérica, y por supuesto también en la Argentina.
Una forma de intercambiar favores, en el cual de un lado de la balanza se colocan las prerrogativas y los beneficios, y del otro lado el voto en las urnas, más por conveniencia que por ideología o buena memoria. Estos sistemas clientelares encuentran en la pobreza, el mejor ámbito para su desarrollo. Bajo estas condiciones, es posible que las urnas se llenen de votos, que no precisamente provendrán de la buena memoria, sino de la potencia del aparato que “salga a la calle” el 26 de agosto para convencer a quienes se dejen persuadir.

(*) Jefe de Redacción

 

Por Héctor Lafuente
Domingo 15 de Julio de 2007
Sección: Opinión

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