Espectáculos

Domingo 09 de Septiembre de 2007
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Un aliado del Che rompe el silencio luego de 40 años

El Che Quiere Verte es el nombre del libro publicado recientemente por el mendocino Ciro Bustos, quien estuvo prisionero en Bolivia en los días en que asesinaron al Comandante rosarino.

Contrastando con la copiosa bibliografía sobre la figura del Che Guevara, el argentino Ciro Bustos, uno de los protagonistas de la guerrilla en Bolivia de fines de los años 60, da su testimonio en el libro El Che Quiere Verte, luego de haber permanecido en silencio durante cuatro décadas.
Bustos fue hecho prisionero por el ejército de Bolivia junto al intelectual francés Regis Debray, unos meses antes del asesinato del Che. Ambos fueron condenados a 30 años de cárcel, pero a punto de cumplir cuatro años de encierro fueron liberados por disposición del entonces presidente, general Juan José Torres. En este libro de la editorial Vergara, subtitulado La Historia Jamás Contada del Che, Bustos marca su lealtad a Guevara al tiempo que desarrolla una visión crítica de la guerrilla -esencialmente su aislamiento- y zanja una deuda personal: disipar cualquier sospecha que lo vincule a la captura del Che.
El libro El Che Quiere Verte, recuento autobiográfico de este mendocino que al igual que muchos jóvenes de los 60 se sintió atraído por la revolución Cubana es, sobre todo, un ajuste de cuentas con el pasado, especialmente con Debray quien -según Bustos-, lanzó una versión deformada de los hechos propagada en entrevistas periodísticas y por algunos biógrafos del Che.
Formado en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Cuyo, amigo de poetas y folkloristas, Bustos viajó a Cuba en 1961 dio clases de arte y realizó ejercicios como miliciano. Su amistad con Alberto Granados -compinche del Che en viajes en moto por varios países- lo llevó a conocer a Guevara. Para Bustos, invasiones y ataques de mercenarios a Cuba, fueron el detonante de la inquietud del Che por abrir otros frentes de lucha, comenzando por Argentina. Así, participa en 1963 de la insurgencia del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP), que liderado por otro argentino, Jorge Masetti, se instala en una zona selvática de Salta. El mendocino será el encargado de armar una red de apoyo al pequeño grupo de Masetti, en distintas provincias de Argentina.
El aislamiento, el hambre, las deserciones, la infiltración, disputas hacia el interior del grupo resueltas drásticamente con penas de fusilamiento, dan por tierra con el proyecto al promediar 1964.

 

Domingo 09 de Septiembre de 2007
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