Deportes
Lunes 10 de Septiembre de 2007
Publicada en la Edición Impresa
Todo concluye al fin...
Atlético no encontró el fútbol que supo desplegar en otras ocasiones y dejó
escapar la racha victoriosa ante Luján de Cuyo. Fue 1-1, con goles de Leva para
el Decano y Zbrum para los mendocinos.
“Todo concluye al fin, nada puede escapar”, dice una conocida canción de Vox Dei que ayer, una vez más demostró su verdad.
Cuando, a los 21 minutos del complemento Gastón Leva (que había ingresado por Carlos Paratore) convirtió, en la primera que tuvo, la apertura del marcador, todo el mundo creyó que la historia se repetiría y que el equipo de Jorge Solari se metería bajo el brazo su punto número doce del Torneo Argentino A.
Más de 15 mil hinchas decanos vibraban, festejando la cuarta victoria consecutiva (en igual cantidad de partidos), seguramente olvidados de la mítica canción, pero a los 42 minutos del segundo tiempo apareció, a la carrera, Matías Zbrum para empujar una pelota que había quedado suelta en el área, luego de que Lucas Ischuk tapara un mano a mano a Martín Carrillo (otro ingresado en el complemento).
Es que, esta vez, el buen fútbol que suele desplegar el equipo del “Indio” Solari no apareció o, para decirlo mejor, apareció con intermitencias.
Desde el primer minuto del partido, fue Atlético el que salió a buscar la apertura del marcador, pero se le hacía muy cuesta arriba. En parte, se sintió el intenso calor (35 grados a la sombra), pero los verdaderos motivos de la falta de ideas para desequilibrar al equipo de Cristan Domizi hay que buscarlos por el lado futbolístico.
Para empezar, el cambio táctico de Solari, que dejó a Pablo Hernández en el banco para jugar con dos de punta (Luis Rodríguez y Paratore) no dio los resultados esperados por el técnico: César Montiglio y Sebastián Longo fueron absorbidos muy bien por los volantes laterales de Luján de Cuyo y, entonces, Claudio Sarría (sin su socio Hernández) debió retrasarse mucho para buscar la pelota y no logró imponerse entre a sus marcadores.
Para colmo, las pocas veces que el “Pájaro” y el “Pulguita” tuvieron posibilidades de asociarse, no lograron comprenderse del todo bien.
Pese a todo, Rodríguez se las ingenió para ser la figura del partido y generar las únicas situaciones de riesgo del primer tiempo: a los 11’ mandó un centro cruzado casi perfecto desde la izquierda, que no pudieron conectar ni Sarría ni Martín Martos y a los 19’ no logró definir una veloz contra de Paratore y el arquero Julio Chiarini se quedó con el mano a mano.
Y el primer tiempo se fue sin pena ni gloria. Sólo hubo tiempo para encender una luz roja en la defensa decana cuando, a los 40’, Diego Próspero mandó un centro que encontró a Zbrum totalmente solo dentro del área. El delantero no tuvo puntería y cabeceó a las manos de Ischuk.
En el complemento, Atlético sustituyó con actitud la falta de fútbol y fue inclinando la cancha.
A los 16’ avisó el “Pulguita” con una tremenda jugada individual, que terminó con el ex UTA caído dentro del área y con todo el Monumental reclamándole penal a Gustavo Fabián.
El minuto 19 fue clave: Solari mandó a la cancha a Alfredo Ramírez Silva y a Leva, en lugar de Longo y Paratore respectivamente.
Los recién ingresados aportaron el bonus de ganas y energía al equipo y el Decano rompió el cero en el marcador.
Fue después de una gran jugada colectiva, que se inició en los pies de Diego Erroz. El rosarino tocó con Rodríguez, el “tiqui-tiqui” siguió en los pies de Ramírez Silva que construyó una gran pared con Erroz para luego tirar un centro mortífero, al corazón del área de Luján de Cuyo.
Y allí, en las cercanías del punto del penal, estaba, como corresponde, el nueve. Leva metió la punta del botín derecho para, en su primera intervención en el partido, anotar su primer gol con la camiseta decana y, de paso, hacer delirar a la parcialidad decana.
Después, Atlético intentó manejar la pelota en la mitad de la cancha; buscó distribuír el juego y, para eso, Solari mandó a la cancha a Sergio Maradona en el lugar del “Pulguita”.
Todo marchaba bien: el tiempo pasaba y Luján no generaba situaciones de peligro. Pero aquella luz roja de alarma que se había encendido en las postrimerías de la etapa inicial, se convirtió en una realidad sobre el final del partido cuando, tras el mano a mano de Ischuk y Carrillo, Zbrum, en soledad, decretara el 1-1.
Luego, llegó el pitazo final de Fabián. Y sí, “Todo tiene un final, todo termina”.
Cuando, a los 21 minutos del complemento Gastón Leva (que había ingresado por Carlos Paratore) convirtió, en la primera que tuvo, la apertura del marcador, todo el mundo creyó que la historia se repetiría y que el equipo de Jorge Solari se metería bajo el brazo su punto número doce del Torneo Argentino A.
Más de 15 mil hinchas decanos vibraban, festejando la cuarta victoria consecutiva (en igual cantidad de partidos), seguramente olvidados de la mítica canción, pero a los 42 minutos del segundo tiempo apareció, a la carrera, Matías Zbrum para empujar una pelota que había quedado suelta en el área, luego de que Lucas Ischuk tapara un mano a mano a Martín Carrillo (otro ingresado en el complemento).
Es que, esta vez, el buen fútbol que suele desplegar el equipo del “Indio” Solari no apareció o, para decirlo mejor, apareció con intermitencias.
Desde el primer minuto del partido, fue Atlético el que salió a buscar la apertura del marcador, pero se le hacía muy cuesta arriba. En parte, se sintió el intenso calor (35 grados a la sombra), pero los verdaderos motivos de la falta de ideas para desequilibrar al equipo de Cristan Domizi hay que buscarlos por el lado futbolístico.
Para empezar, el cambio táctico de Solari, que dejó a Pablo Hernández en el banco para jugar con dos de punta (Luis Rodríguez y Paratore) no dio los resultados esperados por el técnico: César Montiglio y Sebastián Longo fueron absorbidos muy bien por los volantes laterales de Luján de Cuyo y, entonces, Claudio Sarría (sin su socio Hernández) debió retrasarse mucho para buscar la pelota y no logró imponerse entre a sus marcadores.
Para colmo, las pocas veces que el “Pájaro” y el “Pulguita” tuvieron posibilidades de asociarse, no lograron comprenderse del todo bien.
Pese a todo, Rodríguez se las ingenió para ser la figura del partido y generar las únicas situaciones de riesgo del primer tiempo: a los 11’ mandó un centro cruzado casi perfecto desde la izquierda, que no pudieron conectar ni Sarría ni Martín Martos y a los 19’ no logró definir una veloz contra de Paratore y el arquero Julio Chiarini se quedó con el mano a mano.
Y el primer tiempo se fue sin pena ni gloria. Sólo hubo tiempo para encender una luz roja en la defensa decana cuando, a los 40’, Diego Próspero mandó un centro que encontró a Zbrum totalmente solo dentro del área. El delantero no tuvo puntería y cabeceó a las manos de Ischuk.
En el complemento, Atlético sustituyó con actitud la falta de fútbol y fue inclinando la cancha.
A los 16’ avisó el “Pulguita” con una tremenda jugada individual, que terminó con el ex UTA caído dentro del área y con todo el Monumental reclamándole penal a Gustavo Fabián.
El minuto 19 fue clave: Solari mandó a la cancha a Alfredo Ramírez Silva y a Leva, en lugar de Longo y Paratore respectivamente.
Los recién ingresados aportaron el bonus de ganas y energía al equipo y el Decano rompió el cero en el marcador.
Fue después de una gran jugada colectiva, que se inició en los pies de Diego Erroz. El rosarino tocó con Rodríguez, el “tiqui-tiqui” siguió en los pies de Ramírez Silva que construyó una gran pared con Erroz para luego tirar un centro mortífero, al corazón del área de Luján de Cuyo.
Y allí, en las cercanías del punto del penal, estaba, como corresponde, el nueve. Leva metió la punta del botín derecho para, en su primera intervención en el partido, anotar su primer gol con la camiseta decana y, de paso, hacer delirar a la parcialidad decana.
Después, Atlético intentó manejar la pelota en la mitad de la cancha; buscó distribuír el juego y, para eso, Solari mandó a la cancha a Sergio Maradona en el lugar del “Pulguita”.
Todo marchaba bien: el tiempo pasaba y Luján no generaba situaciones de peligro. Pero aquella luz roja de alarma que se había encendido en las postrimerías de la etapa inicial, se convirtió en una realidad sobre el final del partido cuando, tras el mano a mano de Ischuk y Carrillo, Zbrum, en soledad, decretara el 1-1.
Luego, llegó el pitazo final de Fabián. Y sí, “Todo tiene un final, todo termina”.
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