Sociedad
A los futuros periodistas les preocupa la falta de libertad
Independencia, pasión y mucho poder.
Con el paso del tiempo, la prensa escrita, radial, televisiva y ahora también virtual, se fue volviendo un espacio de expresión cada vez más amplio. Todo lo que pasa en el mundo es contado permanentemente por periodistas que seleccionan, priorizan y detectan noticias que se desparraman vertiginosamente olvidándose de las fronteras. Por eso, hablar del rol del periodismo se vuelve una necesidad y más teniendo en cuenta que cada año se incrementa el número de ingresantes en las carreras de Comunicación Social y Periodismo en la provincia.
Ese fue el motivo por el cual los estudiantes de Comunicación de la Unsta (Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino) organizaron las VI Jornadas de Comunicación Social, que se llevaron a cabo ayer, durante todo el día, en el auditorio de la casa de altos estudios. Por la mañana, cuando disertaron el jefe de Redacción de EL SIGLO Héctor Lafuente y el prosecretario de Redacción de La Gaceta, Federico Van Mameren, algo quedó claro en el aula y hasta podía percibirse en el ambiente: el mayor temor de los jóvenes -futuros periodistas- es la falta de libertad que pueden llegar a padecer en el futuro, cuando trabajen en algún medio.
Independencia
La expresión de la mayoría de los alumnos consultados por EL SIGLO acerca de los miedos que les despierta el futuro laboral fue similar e hicieron hincapié en la falta de independencia que existe en muchos de los medios tucumanos y nacionales a la hora de informar. Gustavo Martínez, de segundo año de Periodismo, sostiene que la presión es su gran temor. “Tanto la que ejerce el Gobierno como los mismos medios para que sigas una línea editorial. Yo tengo esperanza de poder hacer periodismo independiente pero sé que es difícil”, relata.
El joven asevera que los medios tienen una enorme influencia en la opinión pública -son, por ende, formadores de opinión- por lo cual es fundamental la ética del periodista a la hora de transmitir la noticia. “Muchas veces, la gente habla de lo que escucha y no de lo que siente o piensa en realidad. Por eso, hay que ser responsables”, destaca.
¿Un “no periodista”?
Laura Gramajo, por su parte, tiene 20 años. La estudiante es clara al aseverar que si a uno le coartan la libertad de expresión en la empresa para la cual presta un servicio, termina convirtiéndose en un “no periodista”. “El día que decidí estudiar esto me planteé si iba a tener la libertad de decir lo que pensaba, yo quiero contarle la verdad a la gente y por eso me aflige la presión de una línea de pensamiento”, declara la joven, al tiempo que añade que las personas tienden a creer en lo que leen, pero que en realidad “uno deduce que es la verdad pero no tiene idea de lo que se habla dentro de una redacción”.
Eugenio Rose está en cuarto año de la carrera. El estudiante es más optimista al asegurar que los límites que pueda ponerle una empresa periodística no es lo que más lo preocupa. “Creo que en cualquier trabajo pasa lo mismo. El hecho es saber autolimitarse para tener en claro qué decir y hasta dónde llegar. Creo que siempre hay una alternativa para decir la verdad como uno quiere pese a todas las trabas”, dispara convencido el alumno.
Durante la exposición, Lafuente y Van Mameren recalcaron la necesidad de hacer las tareas diarias en los medios con el mayor profesionalismo posible y apuntado siempre a la verdad (ver recuadro).
Las jornadas finalizaron a la tarde, con charlas acerca del rol de la mujer en el ámbito de la prensa, en las que disertaron Carolina Natalia Glasberg (El SIGLO, Radio La Red), Carolina Serveto Aráoz (Canal 8 y Radio LV12) y Roxana Bazán (LV7 y Crónica Televisión).
Espejo de la sociedad
Tanto el jefe de Redacción de EL SIGLO, Héctor Lafuente, como el prosecretario de Redacción de La Gaceta, Federico Van Mameren, alentaron a los estudiantes a no bajar los brazos y explotar su pasión por el periodismo más allá de las limitaciones que pueda imponer una empresa. Lafuente catalogó a la prensa como el “espejo de la sociedad” y como la controladora necesaria de los hechos públicos, más allá de los funcionarios que supuestamente deberían cumplir ese papel. “Cuando las pautas publicitarias marcan a un medio, el periodista puede minimizar ciertas situaciones. EL SIGLO sufre hace años la falta de publicidad oficial. Hay que acercarse a la gente, sentir, percibir sus problemas y volcarlos con mucha sensibilidad, para dar soluciones. Ese es el valor agregado del diario frente a la TV e internet”, recalcó.
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