Espectáculos
Ute Lemper deslumbró con voz poderosa y teatralidad
Inspirada, deslumbrante, hermosa, conocedora de todos los matices vocales y teatrales -desde los alegres hasta los dolientes-, la cantante y actriz alemana Ute Lemper paseó su enorme gracia la noche del jueves en el Teatro San Martín.
Lo hizo frente a un auditorio que durante dos horas se dejó llevar a través de Angeles entre París y Berlín, una tournée de grandes canciones de la primera mitad del siglo XX.
Era una de las noches más anheladas del 47º Septiembre Musical y esa expectación había generado una hermosa energía, perceptible ya desde las esca- linatas del coliseo provincial.
En el público las edades eran diversas -había jóvenes, pero el promedio era de 40 años para arriba- y se lo adivinaba conocedor de la trayectoria de la artista internacional, la cual incluye una veintena de discos, roles protagónicos en musicales consagrados como Cabaret y Chicago -su descubridor fue el mismísimo Andrew Lloyd Webber- e incursiones cinematográficas (es la joven que desfila embarazada y desnuda en la pasarela de Pret a Porter, de Robert Altman).
Al frente de una banda formada por Vana Gierig en piano, Don Falzone en bajo, Todd Turkisher (su compañero, en batería) y Mark Lambert en guitarra, Lemper -de ajustado vestido largo y negro- arrancó con una austera canción en idish (judeoalemán), para transitar textos y melodías de Kurt Weill y Bertolt Brech, Jacques Brel -el mundo se detuvo tres minutos cuando entonó Ne me Quitte Pas- y Edith Piaf, entre otros.
En el segmento final, con el cuarteto a esa altura ya decididamente ladeado hacia la vía jazzística, Ute abordó un popurrí que incluyó, entre otros fragmentos, Mark The Knife -con graciosos silbidos tucumanos colectivos- y All That Jazz (Chicago), introdujo los temas inglés y bromeó varias veces con los espectadores de la expuesta primera fila y citó cantando varias veces a Tucumán.
Lo menos que se espera de esta experiencia es que siente precedente: con su maravillosa cuota de teatralidad y estética europeas, el paso de Ute va a dejar marcas en muchos corazones.
Pero además de lujoso en lo artístico, fue austero para los bolsillos: el precio de las localidades (35 pesos la más cara) fue muy accesible, habida cuenta de que en Buenos Aires, para asistir a un concierto así, hay que abonar sumas al menos tres veces mayores.
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