Opinión

Domingo 07 de Octubre de 2007
Publicada en la Edición Impresa
Lectura: A A A
 

MENSAJES

Fue ampliamente satisfactoria la definición del mensaje que bajó a la sociedad el presidente Kirchner. Durante su gestión mostró una faceta diferente a la de otros mandatarios. Rompió una...

... y mil veces el protocolo, se mezcló con la gente y en más de una oportunidad dijo lo que el ciudadano común quiso decir y no pudo.

 

La política comunicacional que manejó durante su gestión de gobierno el presidente Néstor Kirchner le permitió conseguir réditos importantes, particularmente en lo que hace a la transmisión de su mensaje a la sociedad, que es precisamente lo que sus asesores definieron con mucha efectividad en el inicio de su gestión.
Nadie puede desconocer, que más allá de las incomodidades y reacciones que generaron algunas posiciones públicas puestas de manifiesto por el Primer mandatario nacional, consiguió congraciarse con sectores importantes del pueblo, al expresar lo que a veces la gente quiso decir y no pudo. Una actitud que puesta en el “cómputo” de las valoraciones le otorgó un saldo claramente positivo.
Muy temprano, en el “arranque” de su gestión Kirchner había mostrado una faceta diferente, rompiendo el protocolo cuantas veces se lo propuso, se mezcló con la gente en más de un acto, sorprendió a propios y extraños con actitudes poco comunes en un mandatario. En una oportunidad en la que visitó la provincia de Catamarca, tuve la posibilidad de observar como, contra todos los pronósticos y los consejos, decidió caminar más de quince cuadras para trasladarse por una de las principales avenidas de San Fernando del Valle, desde un centro deportivo donde se había efectuado una concentración popular para escuchar su mensaje y el centro mismo de la ciudad, en lugar de hacerlo en uno de los tantos vehículos que estaban a su disposición.
La preocupación de los custodios debió multiplicarse cuando Kirchner sorpresivamente se apartó de la caravana para dirigirse a una precaria vivienda y tras golpear la puerta, solicitar un vaso con agua a una anciana que sin salir de su sorpresa se lo dio. Ese tipo de actitudes, sin duda, formaron parte del mensaje que el Presidente manejó durante estos cuatro años, en los que intentó mostrarse diferente a sus antecesores, en lo que respecta al acercamiento y vínculo con el pueblo.
¿Tal vez ese argumento habrá seducido a los dirigentes de otras extracciones políticas para sumarse a su proyecto, más allá de la ideología de cada uno? ¿O será el mejoramiento económico que percibió la ciudadanía el que instó a sumarse al kirchnerismo?
En ese camino de manejo político, Kirchner alentó la “transversalidad” y “concertación”, que traducida en términos más claros no es otra cosa que la apertura del frente que lidera para cobijar a todas las expresiones políticas que terminaron creyendo en su proyecto, a  quienes hasta aquí no les fue para nada mal. Mucho más si se dimensiona como logró consolidarse el kirchnerismo que llegó al Gobierno con el mínimo apoyo popular posible y hoy “tiene en carpeta” repetir por cuatro años la conducción de los destinos del país, incluso ganando las elecciones en primera vuelta.

Con mucha afinidad

Tucumán aparece en este contexto como una de las provincias que mayor afinidad ha logrado con el Gobierno nacional, a partir de las coincidencias evidenciadas por el gobernador José Alperovich con el presidente Kirchner.
Si acaso se busca una similitud entre el comportamiento del mandatario provincial con el Presidente hay bastantes puntos coincidentes. El primero, y por qué no el más importante, fue el mensaje. Alperovich también manejó ese factor con mucha eficiencia, consiguiendo el reconocimiento de una gran porción de tucumanos, que se tradujo en un gran apoyo popular cristalizado como tal en las distintas elecciones que debió enfrentar. Es cierto, que de igual forma hubo manifestaciones de encono, particularmente de los sectores políticos, gremiales, empresarios e industriales, que en más de una ocasión reaccionaron ante una alusión que los involucraba de manera directa incomodándolos.
El mensaje del gobernador tucumano está siempre direccionado a la expresión de anhelo de proteger a los más humildes, a la posibilidad concreta de mejorar el nivel de ocupación formal y fundamentalmente al compromiso de seguir trabajando como hasta el momento.
Si bien existe en Tucumán un programa de obras públicas inédito, por la cantidad de trabajos que se realizan en todas las ciudades de la provincia, no es menos cierto que las mismas no abordaron grandes emprendimientos, sino que se circunscribieron a dar soluciones micros que se tradujeron en pavimentaciones, tendidos de agua y gas, y soluciones habitacionales. Es obvio que están pendientes algunas obras de envergadura que tienen incidencia directa en el bienestar de la población, pero que se transforman en exigentes reclamo en situaciones especiales, como ocurre con la sistematización de los ríos y el sistema de la red cloacal, lo cual se transforma en un grave problema cuando en épocas de abundantes precipitaciones pluviales se producen anegamiento e inundaciones, como ya ocurrió.

En igual sentido

Ese es el mensaje, el que abordaron Kirchner y Alperovich en sus cuatro años de gobierno. El que llegó a la gente para hacerla sentir protagonista. El que minimizó las protestas y las denuncias por corrupción. El que dijo luchar contra las corporaciones y el que le da la razón al pueblo por los problemas de inseguridad, tanto que en nuestra provincia el Gobernador se mostró terminante al anticipar que modificará el Código de Procedimientos Penal, a pesar de que es un trámite que le corresponde decidir a otro poder del Estado, a riesgo de recibir las más duras críticas de los especialistas que invalidan la pretensión modificatoria. Igual, ese intento, aunque descalificado, encuentra coincidencias con lo que la sociedad reclama, particularmente aquellos que fueron víctimas de hechos delictivos.
Ese es el mensaje, el que no supo encontrar en tiempo y forma la oposición para poder contrarrestar el poder que demostró el oficialismo en las urnas. La misma que ante la duda y el poder gobernante se dividió más y más, tanto que algunos sectores formaron parte del proyecto alperovista.
No hay duda de que Kirchner y Alperovich encontraron el mensaje justo y lo comunicaron a la perfección.

(*) Jefe de Redacción

 

Por Héctor Lafuente
Domingo 07 de Octubre de 2007
Sección: Opinión

Deje su comentario

nombre
email
comentario
Copyright 2007 | elsigloweb.com |Todos los derechos reservados
San Miguel de Tucumán | Tucumán | Argentina
Diario El Siglo | elsiglo@elsigloweb.com | Contacto
acerca de el siglo | agregar a favoritos
208-tapa-small-20071007