Deportes
Lunes 22 de Octubre de 2007
Publicada en la Edición Impresa
River ganó y empieza a poner presión arriba
En La Plata superó por 2 a 0 al Lobo, con goles de Diego Buonanotte y Radamel
Falcao García. Los de Passarella consiguieron su primera victoria como visitante
en lo que va del campeonato.
Dos goles, algún momento de buen fútbol y muy poco más le alcanzaron a River Plate para derrotar a un limitado Gimnasia y Esgrima La Plata, y conseguir después de siete partidos como visitante en el Apertura, su primera victoria en esa condición.
Sin realizar un gran trabajo colectivo, ni mostrar muchas luces a la hora de crear juego, River fue el dominador de las acciones en los primeros 20 minutos de partido.
Con Augusto Fernández, por la derecha, y algunas apariciones de Ariel Ortega y Diego Buenanotte, River, que además tuvo la pelota en su poder, metió a Gimnasia en su campo, aunque nunca le creó peligro.
Es más, en ese lapso la jugada más clara llegó merced a un error de Santiago Gentiletti, quien le cedió la pelota a Sebastián Cejas. El tiro libre lo ejecutó Leonardo Ponzio y el mismo Gentiletti sacó la pelota sobre la línea.
A partir del minuto 21, River se fue diluyendo y Gimnasia comenzó a tomar contacto con la pelota, y a los 25’ tuvo su única chance en los primeros 45’, cuando un remate del chileno Alvaro Ormeño fue desviado por Eduardo Tu-zzio a dos metros de la línea de gol.
Renacía Gimnasia, pero en la jugada siguiente llegó el gol de River. Oscar Ahumada hizo rápidamente un tiro libre en tres cuartos de cancha, le cedió el balón a Fernando Belluschi, éste se la pasó al “Burrito” Ortega, quien con un preciso toque colocó la pelota en el pie izquierdo de Buenano- tte, que sacó un preciso zurdazo para establecer el 1 a 0.
Después de la apertura del marcador, River volvió a dominar el trámite del duelo, aunque nuevamente le creó peligro a Gimnasia hasta los 45’, cuando un derechazo de Belluschi se fue rozando el palo derecho de Cejas.
El técnico del Lobo Julio César Falcioni intentó cambiar la historia y, tras el entretiempo hizo jugar a Luciano Leguizamón para darle más pimienta al ataque. El goleador entró por Pablo Batalla, que alternó más malas que buenas. Y Gimnasia mejoró, en parte por mérito propio pero también porque inexplicablemente River se paró muy atrás y lo dejó venir. Los de Daniel Passarella parecían haberse olvidado de todo lo bueno que habían hecho en la primera etapa.
Y a punto estuvo de llegar al empate el local, a través de Matías Escobar. El volante recibió solito, casi en el área chica, un centro de Leguizamón desde la derecha, le pegó de primera y se le fue muy arriba, cuando Juan Pablo Carrizo sólo podía mirar. Hubiera sido demasiado premio para el Lobo también un merecido castigo a la innecesaria propuesta amarreta del River del segundo tiempo.
En 9 minutos, el Millo perdió a sus dos jugadores más claros y atrevidos. No porque Gabriel Favale los haya expulsado, sino porque Passarella decidió cambiarlos: a los 16' Mauro Rosales entró por Ortega y a los 25' Matías Abelairas hizo lo propio por Buonano- tte. Ahora sí, todo estaba dado para que la visita juegue de contra. Sin embargo la presión de Gimnasia fue mermando y, entonces, River se tranquilizó y logró hacerse de la pelota. A los 36' Radamel Falcao entregó el antídoto para que los corazones millonarios no padecieran más. El colombiano capturó un rebote dentro del área, giró y desparramó a Gentiletti para quedar mano a mano y fusilar a Cristián Cejas con un derechazo cruzado. Fue 2-0 y partido liquidado.
Cambia, todo cambia. Y River es un buen ejemplo: pasó de estar inmerso en una pesadilla a soñar con la Sudamericana e ilusionarse con el Apertura. Motivos no le faltan, porque si aún adeudaba una prueba de carácter ayer la volvió a dar.
Sin realizar un gran trabajo colectivo, ni mostrar muchas luces a la hora de crear juego, River fue el dominador de las acciones en los primeros 20 minutos de partido.
Con Augusto Fernández, por la derecha, y algunas apariciones de Ariel Ortega y Diego Buenanotte, River, que además tuvo la pelota en su poder, metió a Gimnasia en su campo, aunque nunca le creó peligro.
Es más, en ese lapso la jugada más clara llegó merced a un error de Santiago Gentiletti, quien le cedió la pelota a Sebastián Cejas. El tiro libre lo ejecutó Leonardo Ponzio y el mismo Gentiletti sacó la pelota sobre la línea.
A partir del minuto 21, River se fue diluyendo y Gimnasia comenzó a tomar contacto con la pelota, y a los 25’ tuvo su única chance en los primeros 45’, cuando un remate del chileno Alvaro Ormeño fue desviado por Eduardo Tu-zzio a dos metros de la línea de gol.
Renacía Gimnasia, pero en la jugada siguiente llegó el gol de River. Oscar Ahumada hizo rápidamente un tiro libre en tres cuartos de cancha, le cedió el balón a Fernando Belluschi, éste se la pasó al “Burrito” Ortega, quien con un preciso toque colocó la pelota en el pie izquierdo de Buenano- tte, que sacó un preciso zurdazo para establecer el 1 a 0.
Después de la apertura del marcador, River volvió a dominar el trámite del duelo, aunque nuevamente le creó peligro a Gimnasia hasta los 45’, cuando un derechazo de Belluschi se fue rozando el palo derecho de Cejas.
El técnico del Lobo Julio César Falcioni intentó cambiar la historia y, tras el entretiempo hizo jugar a Luciano Leguizamón para darle más pimienta al ataque. El goleador entró por Pablo Batalla, que alternó más malas que buenas. Y Gimnasia mejoró, en parte por mérito propio pero también porque inexplicablemente River se paró muy atrás y lo dejó venir. Los de Daniel Passarella parecían haberse olvidado de todo lo bueno que habían hecho en la primera etapa.
Y a punto estuvo de llegar al empate el local, a través de Matías Escobar. El volante recibió solito, casi en el área chica, un centro de Leguizamón desde la derecha, le pegó de primera y se le fue muy arriba, cuando Juan Pablo Carrizo sólo podía mirar. Hubiera sido demasiado premio para el Lobo también un merecido castigo a la innecesaria propuesta amarreta del River del segundo tiempo.
En 9 minutos, el Millo perdió a sus dos jugadores más claros y atrevidos. No porque Gabriel Favale los haya expulsado, sino porque Passarella decidió cambiarlos: a los 16' Mauro Rosales entró por Ortega y a los 25' Matías Abelairas hizo lo propio por Buonano- tte. Ahora sí, todo estaba dado para que la visita juegue de contra. Sin embargo la presión de Gimnasia fue mermando y, entonces, River se tranquilizó y logró hacerse de la pelota. A los 36' Radamel Falcao entregó el antídoto para que los corazones millonarios no padecieran más. El colombiano capturó un rebote dentro del área, giró y desparramó a Gentiletti para quedar mano a mano y fusilar a Cristián Cejas con un derechazo cruzado. Fue 2-0 y partido liquidado.
Cambia, todo cambia. Y River es un buen ejemplo: pasó de estar inmerso en una pesadilla a soñar con la Sudamericana e ilusionarse con el Apertura. Motivos no le faltan, porque si aún adeudaba una prueba de carácter ayer la volvió a dar.
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