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Discépolo y la filosofía
Por JULIO MARIA AGUIRRE
Comunicación a la
Academia Porteña
del Lunfardo
(Discepoliana Nº2)
Recordemos que Ernesto Sábato nos dice en Tango, Discusión y Clave: "... hasta los autores de tango hacen metafísica sin saberlo" y "El hombre del tango es un ser profundo que medita en el paso del tiempo y en lo que finalmente ese pa- so nos trae: la inexorable muerte".
Metafísica callejera o casera, de café, de la borrachera, dramática, melodramática, de la humorada, hay en verdad en el tango. Actitud que tradicionalmente ya encontramos en Viscacha y en la Payanda del Martín Fierro. Y Discépolo es el paradigma por todos reco- nocido, de esta filosofía tanguera.
Muchos críticos se han asomado al tema. La mayoría de ellos han visto en su dramático pesimismo y su desesperación, la influencia de ideas y sistemas de la época histórico-cultural que le tocó vivir. Schpenhauer y Nietzsche derramaban en esas horas sus teorías agnósticas sobre nuestra sociedad.
Clima social o moda intelectual, las tendencias filosóficas de cuño académico pueden confundirnos y llevarnos a conclusiones apresuradas y hasta, por qué no, equivocadas.
Desde su exilio, el filósofo Angel Jorge Casares toma a Discépolo para su tesis de la existencia de una filosofía popular. Así como los críticos literarios oponen poesía culta y poesía popular, Casares parte de una pregunta fundamental: ¿Existe una filosofía popular?
Prejuicios académicos llevan a negar su posibilidad. El elevado prestigio y la seriedad de la filosofía sistemática fundan un tabú cultural.
El tango (sus letras) no tiene un nivel intelectual ni artístico necesario y suficiente.
Pero ante todo, no puede negarse que la inquietud filosófica está presente en el hombre. Además, el tango es objeto hoy de investigación erudita.
Buscar la forma y el sentido del tango, explicar su naturaleza, valor y función, descubrir la cosmovisión que lo sustenta y anima, no sólo en sus letras sino también en su música y danza, puede resultar una legítima tarea filosófica. Porque la revelación del Ser ha sido siempre la meta final de la Filosofía.
Casares examina el tango desde tres perspectivas en la que se manifiesta el temple humano universal, desde una peculiar disposición argentina ante la realidad, y el mundo, y para ello acude a las letras de Discépolo. Dichas perspectivas son la mujer, la sociedad y el mundo.
La mujer como polo de la relación Hombre-Mujer. El tango nace en el suburbio porteño, en el prostíbulo.
En una ciudad de hombres solos, solitarios, marcados por un machismo tradicional; el tango se galvaniza en un impulso instintivamente sexual.
Cuando sale del quilombo a la calle, en la evolución del género y los consecuentes cambios contextuales, observamos su metamorfosis.
El tango es, pues, medio de expresión de una afirmación individual, denuncia de una realidad opresiva e injusta, revelación del drama de la soledad y la incomunicación.
Esto se barrunta ya en Mi Noche Triste, cobra entidad en el autorretrato de Chorra, donde se diferencia claramente la oposición "ser gil-estar gil". Y el autorretrato se completa con la mención del dinero y su valor, que es el eje que marca ya el contraste de valores que genera, se define en tres pasos, marcados por cuatro tangos fundamentales:
Malevaje: Proclama la extinción del personaje típico -el compadrito-. La degradación del arquetipo machista del compadre es concomitante del ocaso del período arrabalero del tango. Su letra contaba el cambio, del que el poeta sólo se lamenta. La pregunta que abre el cantable no espera respuesta que lo explique.
Este tango completa la nota anecdótica de Chorra, integrando la imagen de la mujer como factor de la frustración. La ironía cala profundamente, aunque su alusión se queda en el plano de un estilo de vida personal, individual.
Yira Yira: Denuncia ahora un estilo de vida social con su juicio moral implícito. La ironía viaja aquí hacia la raíz del desencanto, de la desilusión, del desengaño. La presencia de la grela y la amargura del otario que ladra (¿residuo de rebeldía?) dejarán de ser ironías en:
Qué vachaché, donde el sarcasmo con su prosaísmo despiadado revela la inutilidad de la protesta y la subversión de los valores; de la resignación pasamos al dolor que va más allá de toda racionalidad. Discépolo llega en estas dos piezas a un alto grato de escepticismo, que es ya indudablemente, una actitud filosófica. En ellos estamos frente a un hombre que se interpreta a sí mismo y a la realidad que lo circunda, a través de los demás.
Cambalache: Culmina este proceso. La imposibilidad de la convivencia social desemboca en la interpretación de la realidad total, del mundo. La brutalidad de sus imágenes y su prosaísmo expresivo ahondan el escepticismo. El problema se hace universal. La nada, la angustia, la imposibilidad de la existencia afloran en cada línea de esta letra, de la misma forma como en el sistema triunfante desde el '50: el existencialismo.
Casares se pregunta si esto no justifica la existencia de una filosofía popular, que si bien no explica la paradoja del hombre, el mundo y la vida, al menos la revela.
Alguien dijo cierta vez, que "la poesía se acuesta a la sombra de la filosofía". Y si admitimos que las letras de tango son poesía, popular, pero al fin de cuentas poesía, descubriremos que son "palabra en el tiempo" como lo quiere Antonio Machado. Por eso, el tango expresa al hombre y la realidad de la ciudad, y la refleja además. Y más aún: la trasciende.
Bibliografía: Casares, Angel Jorge: “La Filosofía popular en el tango. Revista La Educación Nº 30. Puerto Rico,
septiembre de 1970.
(Julio María Aguirre)
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