Sociedad
Sábado 22 de Diciembre de 2007
Publicada en la Edición Impresa
En Navidad, el Arzobispo instará al diálogo
El crítico mensaje de Héctor Luis Villalba llama al consenso, la tolerancia y la
pluralidad. Ofrece a la Iglesia para alentar el acercamiento entre sectores
sociales.
La Navidad comprende la festividad más importante para la religión católica y también una oportunidad para que la Iglesia exprese sus anhelos. Es así como cada año, el mensaje que el arzobispo de Tucumán Monseñor Héctor Luis Villalba brinda durante la celebración que conmemora la natividad de Jesús es esperado por los integrantes de la sociedad. Los pronunciamientos de cada año están signados por la realidad que vive la provincia y esta vez serán más críticos y duros que en años anteriores.
La clave del texto al que tuvo acceso EL SIGLO está en el llamado al diálogo como elemento fundamental para la paz social. El documento está dividido en tres secciones denominadas: Navidad: “Dios, en Cristo, habla al hombre”, “Condiciones para el diálogo” y “El diálogo es la expresión culta y civilizada de una sociedad pluralista”.
“El diálogo de la salvación nace de la iniciativa divina de comunicarse con nosotros. Ahora nos corresponde a nosotros tener la iniciativa de extender a todos los hombres el mismo diálogo (...) El diálogo ha de ser la vía normal de entendimiento y de enriquecimiento entre los hombres, en las familias y en la sociedad (...)Si no tendemos al diálogo no construiremos la comunidad. Esto supone instituir o revisar las estructuras y canales de diálogo y participación de la comunidad”, arranca el documento.
Luego aclara que para que se realice un intercambio, es necesaria una actitud particular: “Un diálogo verdadero nace del deseo de concordia, aspira a la convivencia, a la paz. Busca unir a los interlocutores, más allá de las diferencias. El diálogo nos abre al otro”.
En el párrafo más contundente, el religioso desliza una crítica hacia la clase política: “En el diálogo no se busca imponer, sino proponer el propio juicio. A veces asistimos a debates en donde no se dialoga, se busca no dejar hablar al otro, se grita para acallar al interlocutor. A veces sucede en los recintos que deberían ser lugares de diálogo y que se convierten en lugares de sordos. No es con el agravio ni con el insulto como se imponen las ideas. Tampoco tiene razón el que grita más fuerte”.
Villalba asevera que la vida en sociedad se basa en un intercambio permanente y excluye toda forma de violencia física o moral.
“Cuando se quiere potenciar las propias soluciones concretas, sin admitir que los demás pueden tener también sus razones y podrían aportar criterios importantes para un mayor bienestar social, no se contribuye al bien de la sociedad”, afirma y deja en evidencia la preocupación por la intolerancia que invade la mayoría de los sectores sociales.
Volviendo a referirse a la política y al Estado, reflexiona: “El diálogo entre los distintos grupos sociales, en el que cada uno quiere mantener su identidad y proyectar en la sociedad sus propuestas, pertenece a la esencia de la democracia”.
En los últimos pasajes es categórico al resaltar: “Nadie debe presumir de poseer toda la verdad. Especialmente en los problemas básicos de la sociedad, es indispensable la cooperación de todos”.
Al finalizar las palabras, y antes de felicitar a los fieles por las Fiestas, la máxima autoridad eclesiástica pone a disposición a la institución católica para fomentar el diálogo entre los diversos estamentos o grupos que puedan estar en conflicto:
“La Iglesia, dentro de su propia misión, respetando plenamente las instituciones de la Provincia y buscando sólo el progreso integral de nuestro pueblo, está dispuesta a alentar iniciativas de diálogo entre los diversos sectores de la sociedad”, concluyó en ese sentido.
La clave del texto al que tuvo acceso EL SIGLO está en el llamado al diálogo como elemento fundamental para la paz social. El documento está dividido en tres secciones denominadas: Navidad: “Dios, en Cristo, habla al hombre”, “Condiciones para el diálogo” y “El diálogo es la expresión culta y civilizada de una sociedad pluralista”.
“El diálogo de la salvación nace de la iniciativa divina de comunicarse con nosotros. Ahora nos corresponde a nosotros tener la iniciativa de extender a todos los hombres el mismo diálogo (...) El diálogo ha de ser la vía normal de entendimiento y de enriquecimiento entre los hombres, en las familias y en la sociedad (...)Si no tendemos al diálogo no construiremos la comunidad. Esto supone instituir o revisar las estructuras y canales de diálogo y participación de la comunidad”, arranca el documento.
Luego aclara que para que se realice un intercambio, es necesaria una actitud particular: “Un diálogo verdadero nace del deseo de concordia, aspira a la convivencia, a la paz. Busca unir a los interlocutores, más allá de las diferencias. El diálogo nos abre al otro”.
En el párrafo más contundente, el religioso desliza una crítica hacia la clase política: “En el diálogo no se busca imponer, sino proponer el propio juicio. A veces asistimos a debates en donde no se dialoga, se busca no dejar hablar al otro, se grita para acallar al interlocutor. A veces sucede en los recintos que deberían ser lugares de diálogo y que se convierten en lugares de sordos. No es con el agravio ni con el insulto como se imponen las ideas. Tampoco tiene razón el que grita más fuerte”.
Villalba asevera que la vida en sociedad se basa en un intercambio permanente y excluye toda forma de violencia física o moral.
“Cuando se quiere potenciar las propias soluciones concretas, sin admitir que los demás pueden tener también sus razones y podrían aportar criterios importantes para un mayor bienestar social, no se contribuye al bien de la sociedad”, afirma y deja en evidencia la preocupación por la intolerancia que invade la mayoría de los sectores sociales.
Volviendo a referirse a la política y al Estado, reflexiona: “El diálogo entre los distintos grupos sociales, en el que cada uno quiere mantener su identidad y proyectar en la sociedad sus propuestas, pertenece a la esencia de la democracia”.
En los últimos pasajes es categórico al resaltar: “Nadie debe presumir de poseer toda la verdad. Especialmente en los problemas básicos de la sociedad, es indispensable la cooperación de todos”.
Al finalizar las palabras, y antes de felicitar a los fieles por las Fiestas, la máxima autoridad eclesiástica pone a disposición a la institución católica para fomentar el diálogo entre los diversos estamentos o grupos que puedan estar en conflicto:
“La Iglesia, dentro de su propia misión, respetando plenamente las instituciones de la Provincia y buscando sólo el progreso integral de nuestro pueblo, está dispuesta a alentar iniciativas de diálogo entre los diversos sectores de la sociedad”, concluyó en ese sentido.
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