Policiales
Otra pista que terminó en un callejón sin salida
Visto en perspectiva parece una broma, si es que hay alguien capaz de jugar chanzas con algo así.
A horas de que se cumplan siete meses del asesinato que conmocionó a la comunidad tucumana el año pasado, testimonios aportados por informantes de identidad reservada reavivaron la búsqueda del criminal que, desde el 12 de junio de 2007, mantiene en vilo a los habitantes del sur de la provincia. Se trata de Jorge Orlando Vera, el individuo que luego de huir de la cárcel de Concepción a mediados del año pasado, acabara con la vida de su esposa y dos de sus hijos.
El que desde entonces se convirtiera en uno de los criminales más buscados de Tucumán, fue sorprendentemente ubicado en una localidad sureña cercana a la comuna de Taco Ralo por testigos anónimos, lo que derivó en un amplio operativo policial que, luego de varias horas, arrojó resultados otra vez negativos.
Datos falsos
Todo comenzó a principios de esta semana. "Hace aproximadamente 36 horas se recibió un par de testimonios de gente cuya identidad se reserva por razones de seguridad", explicó ayer en horas de la mañana el fiscal de Feria de la IV Nominación del Centro Judicial de Concepción, Edgardo Leonardo Sánchez, quien fue el encargado de solicitar la autorización judicial correspondiente y supervisar el movimiento policial.
Los confidentes que acudieron a la Policía aseguraron tener datos acerca del paradero del hombre que protagonizara una de los episodios más violentos y sanguinarios de los anales criminales tucumanos (Ver aparte).
En base a la información aportada por los testigos anónimos, Sánchez requirió al juez de Instrucción de Feria de la Segunda Nominación Eduardo Dionisio Molinuevo que autorizara los procedimientos que, finalmente, se concretaron en horas de la madrugada de ayer.
Alrededor de las 3.00, un nutrido grupo de uniformados pertenecientes a cuatro dependencias diferentes de la fuerza de seguridad, se apostaron en las inmediaciones de una vivienda ubicada en el paraje conocido como Pozo Hondo, a unos seis kilómetros de Taco Ralo. Ese inmueble había sido señalado por los informantes como el lugar en el que, supuestamente, se ocultaba el triple homicida de Los Pizarro.
En el procedimiento participó el personal del Grupo Cero, efectivos de la Patrulla Rural, también de la Comisaría de Juan Bautista Alberdi y la Infantería de la Unidad Regional Sur.
Luego de rodear la casa, los policías allanaron el lugar. Pero Vera no estaba. Se trató de otro dato falso de los tantos que llegaron a oídos de los investigadores desde que la búsqueda del criminal recibió el aporte del Estado Nacional, mediante la recompensa de 100 mil pesos ofrecida por el Ministerio del Interior para quien aportara datos que permitieran apresar al reo evadido.
Desde que comenzó la búsqueda, los encargados de la pesquisa siguieron los pasos de Vera, primero, en las agrestes inmediaciones de Los Pizarro y La Cocha. Luego, tras varios días de infructuoso rastreo, la persecución trascendió las fronteras de nuestra provincia, pasando por Catamarca, Santiago del Estero, Mendoza, San Juan e incluso la provincia de Buenos Aires. Precisamente en este último punto se logró recapturar a Juan Quinteros, otro preso evadido de la penitenciaría sureña el mismo día que Vera y quien, supuestamente, habría participado del luctuoso hecho. Pero nunca se tuvo una certeza respecto del paradero del filicida quien a siete meses de haber acabado con su familia, sigue en libertad.
Historia del crimen: a siete meses de la matanza |
El 12 de junio de 2007 Jorge Orlando Vera, quien purgaba una condena de 9 años por violar a dos de sus hijas, no regresó a la cárcel de Concepción, luego de haber salido gracias a un permiso extramuros. En lugar de eso el sujeto de 47 años cumplió con una vieja amenaza: la de acabar con la vida de quienes habían testificado en su contra en el juicio que lo puso tras las rejas. Los destinatarios de esa amenaza no eran otros que los integrantes de su familia: su esposa Olga del Valle Zamudio y sus hijos Gustavo Antonio y Jorge Luis. Provisto de un cuchillo, cinta de embalar y armado con una pistola, el violador llegó a su casa, en la localidad de Los Pizarro. De alguna manera (se especula que con la ayuda de otro reo prófugo), logró reducir a sus víctimas, a quienes ató y amordazó con la ayuda de la tira adhesiva. Luego de torturarlos cortándolos con el arma blanca, el criminal les disparó a quemarropa. La mujer y el primero de los descendientes del matrimonio murieron en el acto. El segundo fue trasladado de urgencia a un nosocomio, pero llegó sin vida, con una bala alojada en el pecho. El filicida huyó por la parte trasera de la casa, internándose en los matorrales. Nunca más se supo de el. Desde entonces se asemejó más a un fantasma: todos en el pueblo le temían y muchos dijeron haberlo visto merodeando en la zona, pero la Policía jamás pudo dar con su paradero. |
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