Opinión

Domingo 13 de Enero de 2008
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SPLIT

El gran culpable que la crisis energética que afecta al país, derivado de manera directa de la prosperidad que tiñe a los hogares argentinos: es el aire acondicionado. Y más precisamente, el split,...

... ese artefacto extraordinario, capaz de convertir el frío en calor y el calor en frío, y al mismo tiempo, ser adecuado vehículo de estatus.

 

En algún momento del largo tiempo que llevamos llenando esta columna de los domingos, escribimos que la culpa de alza de los precios no la tenía ni el INDEC, ni la economía desfasada, ni siquiera el valor artificial con que se mantenía el dólar en la Argentina, y mucho menos la asquerosa especulación de ciertos grupos económicos que venden en el mercado local al mismo precio que -ellos imaginan- podrían colocar sus productos en Australia o Mónaco. No, la culpa era de la lechuga, esa planta innoble que había decidido, unilateralmente y de manera sibilina, declararle la guerra a la estabilidad económica y la prosperidad que supimos conseguir.
La llegada inesperada (no por la época sino a causa de un diciembre excesiva e inusualmente fresco) del calor agobiante en gran parte del territorio -en Calafate se seguía viendo gente con campera y hasta algún gorro de lana- desató la tremenda crisis de provisión de electricidad que todos presagiaban. A diferencia de lo imaginado por las empresas distribuidoras de electricidad -en particular las que abastecen el mercado de Buenos Aires y el conurbano- no ocurrió en diciembre sino en enero, mes en el que se sentían falsamente protegidos por el hecho de que la mayor parte de la gente estaría con las patas en la arena y no encendiendo aires acondicionados en el centro porteño.

Y la crisis llegó

Pero la crisis se produjo.
Y en pleno enero, se batieron los récords de consumo, alcanzando valores que rozaron los 18 mil megavatios, cifra que se considera tremendamente próxima al límite de generación del parque energético de la Argentina.
La propia presidenta Cristina, apenas llegada de las frescas tardes del Calafate, usó un acto de lanzamiento (por vez enésima) del plan de saneamiento de la cuenca Salí-Dulce entre Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba, para reconocer que se habían producido 50.000 cortes simultáneos. También, de modo poco ortodoxo, aprovechó para vincular los calores y las interrupciones del servicio eléctrico con el cambio climático y otras anomalías ambientales. Aunque, si esa fuera preocupación genuina y no discursiva (como hemos señalado varias veces desde estas páginas), habría que sentarse a diseñar un parque energético a futuro que contuviera las energías alternativas de modo real y no de manera testimonial como hasta ahora.
El jefe de gabinete, Alberto Fernández, en sintonía con las multas impuestas a diversas empresas eléctricas por no poder evitar los cortes, despegó al gobierno de quienes reclaman aumentos de tarifas para realizar inversiones. A diferencia de lo que a gritos y susurros señalan las empresas eléctricas de todo el país, aseguró que no se trata de un problema de generación de energía (responsabilidad básica del Estado, o sea -políticamente- del gobierno) sino de la distribución, es decir, de las empresas privatizadas.

Megavatios de más

"Estamos generando energía suficiente; nosotros los días pico hemos producido 19.500 megavatios y se usaron 17.500 aproximadamente, o sea que tuvimos un excedente de cerca de 2.000 megavatios día a día", afirmó el jefe de gabinete, de modo de salir -con los tapones de punta- a echarle a otro la culpa de la crisis. Los 50.000 cortes que admitió Cristina, entonces, no son achacables a la falta de previsión del gobierno o a la ausencia de planes de generación de energía, sino a las fallas de quienes deben distribuir la electricidad y nos cobran por ello.
Pero, como cuando la lechuga era la culpable de la inflación, además de las empresas eléctricas, aparecieron otros responsables.
Por un lado, la bonanza económica. La ya célebre tensión que genera el crecimiento es argumento que puede usarse para casi cualquier incomodidad producida en el ámbito de los servicios públicos: hay más problemas de tránsito porque hay más autos; hay problemas con los aviones porque hay más gente que viaja; hay falta de luz porque hay más gente que enciende los artefactos. Y todo eso es consecuencia directa de que estamos mejor. Una verdadera paradoja: así como Carlos Menem nos decía estamos mal pero vamos bien, ahora podríamos decir que estamos mal porque venimos bien.
"Los problemas son producto de que millones de argentinos han vuelto a consumir", indicó la presidenta. ¿En qué momento el Estado planificará de modo que la llegada de mayor número de personas a las playas del consumo no sean una dificultad que daña a los que desean volver a consumir y a los que participaban del milagro de estar dentro del consumo?

El gran culpable

Y, por otro lado, aparece el gran culpable, derivado de manera directa de la prosperidad que tiñe a los hogares argentinos: el aire acondicionado. Y más precisamente, el split, ese artefacto extraordinario, capaz de convertir el frío en calor y el calor en frío, y al mismo tiempo, ser adecuado vehículo de estatus. Si tenés ventilador no existís; si tenés aire acondicionado que haya perforado la pared estás apenas en el umbral de la bienaventuranza, pero si lograste colgar de tu pared -como un cuadro de Picasso- un split silencioso y aerodinámico, tu vida habrá de cambiar para siempre, pues habrás ingresado al reino de la gente como uno, ¿viste?
"Hubo problemas de tensión, responsabilidad de las empresas distribuidoras de energía, por el encendido simultáneo de equipos de aire acondicionado", ilustró el jefe de gabinete. Lamentablemente, suele ocurrir que la gente está en sus casas y cuando la temperatura sube por encima de los 35 grados (y más si es de noche y si se trata de ciudades convertidas en verdaderos ladrillos refractarios gigantes), tenga la tentación de prender el aire acondicionado por el que ahorró vaya a saber cuánto tiempo. Y si ahorró y lo compró, quiere usarlo.
En invierno, nos adelantamos, seguramente faltará gas por esa maldita costumbre de la gente de encender al mismo tiempo la estufa, es decir cuando hace frío.
Espantosa costumbre de las personas que habitan la Argentina esa de vivir de manera adecuada a la civilización del siglo XXI, con heladeras, iluminación, televisores. Y splits.
Una costumbre que en la Argentina sólo trae problemas.

(*) Coordinador editor

 

Por Sergio Federovisky
Domingo 13 de Enero de 2008
Sección: Opinión

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Sergio Federovisky
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