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El “Cholo” tiene la revancha entre los dientes
... que derrotó a San Lorenzo.
BUENOS AIRES.- “Cuando la cosa vaya mejor, esperemos movernos menos...".
Diego Simeone sonríe. No puede ocultar la realidad: está enchufado, motivado, eléctrico, metido. Vive los partidos como si fuera un asistente del árbitro, recorriendo la raya. Y gritando, y dando indicaciones, y preocupándose. Va y viene, enérgico. Lo reconoce: River le genera una tensión de la que disfruta pero que también lo obliga permanentemente. Lo obliga a ganar.
¿Como el pentagonal del verano? “Es amistoso, aunque prefiero ganar. Siempre es mejor ser primero que segundo o tercero”, reflexiona el “Cholo”, consciente de que cualquier victoria motiva, pero que la copita que levantó su River en Mar del Plata es una estrella fugaz, de esas que se escapan de la vista en un abrir y cerrar de ojos. Y esa ya se fue.
Hoy, a nueve días de su debut oficial por el Clausura ante Gimnasia y Esgrima de Jujuy, Simeone busca formar un equipo consistente y agresivo, ordenado y generoso futbolísticamente, que -como siempre dice- no negocie el esfuerzo. Siente que está en buen camino, que no falta mucho para lograrlo, que sus jugadores están convencidos de la búsqueda, del estilo, del sistema de trabajo. Y a pesar de eso, todavía tiene un vacío. Una deuda. Una carga.
Tiene a Boca entre colmillo y colmillo. Una revancha entre los dientes. “Sirve ganar todo lo que se juega. A partir del partido que viene, habrá que ganar también. Todo...”.
-¿Querés revancha?
-Fue un partido perdido... (piensa). Ahora tenemos el partido... ¿Cómo le dicen a esta Copa, al partido en Mendoza?
-Copa Revancha.
-Ahí está...
No lo dice. No quiere. Lo evita. Como durante toda la charla con la prensa, como durante toda la pretemporada, el “Cholo” se cuidó de emitir palabras agresivas para la gente, confusas para sus jugadores, picantes para cualquier rival que pudiera tomarlas como una motivación extra. Preocupado también por lo que expresaran los futbolistas durante las semanas previas, para Simeone las frases cuentan, forman parte del ejemplo que pretende dar en el vestuario: hay que hablar en la cancha, no afuera.
Pero sabe que en Mendoza tiene la posibilidad de sacarse de encima el fastidio por la derrota en el primer superclásico, tiene la posibilidad de revancha que quiere, que espera. Es un partido. Es una victoria que tape una derrota. Un desquite del 0-2 en Mar del Plata que fue más que una caída en el resultado, fue además la más pobre presentación del equipo en el torneo de verano.
Ganar, de eso se trata. Como advirtió en su presentación en River ("la gente quiere ganar"), sabe que de las victorias va a vivir, y es consciente de que Boca genera un goce diferente para los hinchas que, acostumbrados en la última etapa a celebrar más que a sufrir, también tienen un súper entre los dientes.
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