Opinión

Domingo 11 de Mayo de 2008
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AGUANTE

El conflicto entre el Gobierno y el campo por momentos parece planteado como una pulseada entre los productores y la presidenta Cristina Fernández.
La presidenta Cristina sostuvo días atrás, en el mismo momento en que "el campo" volvía a desafiar al gobierno con un paro que promete dudosamente no desabastecer a los ciudadanos, que ella tenía "aguante", que siempre lo había tenido. Como si fuera una pulseada entre ella y los otros, en la que los habitantes de este país apenas si podemos observar.
El autodenominado "el campo", sin quitarse jamás de encima el artículo que lo hace tan paquete, entiende que es hoy el principal partido de oposición. Tiene, como toda agrupación espontánea u oportunista que se precie, una multitud de intereses que sólo se mantienen hacinados por la violenta respuesta del gobierno, que funciona como elemento aglutinante. Seguramente, esos desiguales intereses (quién puede negar que los propósitos de concentración de la renta y la tierra de la Sociedad Rural son disímiles o directamente opuestos a los de la Federación Agraria) harán que esa fusión estalle en mil pedazos cuando la tensión con el gobierno haya cesado.

Fisura a la vista

No logra entenderse, entonces, por qué el gobierno no aprovecha esa fisura objetiva, imposible de disimular, en "el campo", devenido en adversario coyuntural, aunque algunos lo traten, inconscientemente, como enemigo. Los sucesivos discursos de la presidenta avanzan en un costado de progresismo destacable, cuando señalan que la motivación -al menos explícita, aunque no por eso efectivamente comprobable- de las retenciones móviles y diversas medidas adoptadas por el gobierno que lo enfrentaron con "el campo" es la de redistribuir la renta agraria. Loable pretensión, por cierto, democratizar desde lo económico uno de los sectores más concentrados y menos solidarios de la historia argentina.
Sorprende, sin embargo, que semejante empresa, si es que revela ser genuina, no cuente con el amable y automático apoyo de quienes serían los primeros beneficiados de las consecuencias de aquella redistribución. El propio gobierno ha ilustrado, y nadie ha desmentido, que menos del 20 por ciento de los productores concentra más del 80 por ciento de la actividad sojera. Líderes de la Federación Agraria imposibles de ser catalogados como aliados ideológicos e incluso económicos de la Sociedad Rural no sólo han ratificado esos datos sino que han agregado que los beneficios de la exportación de granos se reparten entre apenas media docena de grandes empresas, la mayoría de ellas multinacionales.

Brutal concentración

Si los funcionarios del gobierno, con la presidenta Cristina a la cabeza, recitan como un poema esos números que demuestran la brutal concentración de la riqueza en el campo, y los dirigentes agrarios más humildes, representantes de pequeños chacareros, subrayan que el problema rural es la misma concentración de la riqueza, ¿cómo es que no están ambos unidos en contra de "el campo"?
Una de las sospechas más serias es que, como ha ocurrido en otras variables de la política y la economía, el gobierno esté aplicando una antigua - y nunca bien ponderada- táctica del fundador del movimiento peronista: aullar por izquierda para salir corriendo por derecha, dejando de ese modo a toda oposición pasible de ser considerada reaccionaria por el sólo ejercicio de la crítica.
Hay algunos datos elocuentes, que desmienten el discurso oficial y hacen que la sociedad no se convenza de las maravillas de un enunciado nacional y popular. La Argentina de hoy presenta la brecha más extendida -que llega casi hasta la obscenidad- entre los más ricos y los más pobres.  La Argentina de hoy, gracias a una inflación que nadie admite pero que todos padecen, ha devuelto a la pobreza a más de un millón de compatriotas que gracias a la estabilidad y el crecimiento de los últimos cinco años habían conseguido, a duras penas, sacar levemente la cabeza de la superficie del lodo.

Modelo de desarrollo

La Argentina de hoy expresa, en los resortes de las cadenas de valor más determinantes de su economía (transporte, exportaciones, industria, bancos) niveles de concentración empresaria inéditos. La Argentina de hoy diseña su modelo de desarrollo no por las necesidades (una red ferroviaria que permita mover la producción primaria hacia la exportación, dada la demanda de alimentos que manifiesta hoy el mundo), sino por los intereses sectoriales que hacen que se mueva en camión, más caro, contaminante e inseguro, aquello que podría trasladarse en tren. Más todavía: la Argentina de hoy supone que el ingreso a la modernidad es un tren bala, que usarán un puñado de miles, mientras aún hay contingentes enteros de argentinos sin agua corriente ni cloaca, condiciones inherentes a eras aún anteriores a la premodernidad.
La Argentina de siempre ha vivido de "el campo" y ha padecido las oligárquicas estructuras que "el campo" impuso. Una democratización, una modificación de la tenencia de la tierra, una readjudicación de la renta agraria, una reconversión agrícola que castigue el monocultivo y la tierra ociosa, todo eso es deseable. Es probable que si de verdad el gobierno quiere hacerlo, encuentre muchos aliados. Incluso, dentro de "el campo".


(*) Coordinador editor
Por Sergio Federovisky
Domingo 11 de Mayo de 2008
Sección: Opinión

Esto opinaron nuestros lectores...

totalmente de acuerdo http://losnogalestucuman.blogspot.com
daniel | 11 de Mayo de 2008 20:49

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Sergio Federovisky
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