Sociedad
La vida le cambió sonrisas por lágrimas
En su tiempo fue la estrella de coloridos festivales. Ahora vive en un remolque de lata gris, en el patio de la humilde casa de su hijo. Se dedicó a llevar alegría a los demás y la vida no le devolvió la sonrisa.
Antonio "el Turco" Esmail enfrenta la realidad con algo del humor que lo llevó al éxito. "Pasen por el hall"- dice, señalando el piso de tierra.
Su mirada mezcla picardía y tristeza. El ambiente recuerda un pasado glorioso, ya desteñido.
Tradición circense
El turco Esmail tiene 72 años. Su experiencia es un reflejo de la historia argentina reciente. En ella está retratada la última época de oro de los espectáculos populares. Y también el hipercapitalismo, que desplazó a estos ídolos de pueblo por otros importados y globales.
-¿Cómo fueron sus comienzos?
-Cuando me di cuenta, ya hacía humor. En la escuela formamos un teatro de aficionados y yo siempre era el comediante. Después llegó el circo. El director artístico me dijo que tenía que ser cómico, me largó a hacer de payaso. Me empezó a gustar y un día ya salí sin pintura... Los grandes humoristas han sido cirqueros, como Sandrini y Marrone.
Entrados los años sesenta, le propusieron actuar en festivales. Le costó animarse, pero sus presentaciones resultaron un éxito.
El Turco dice que la provincia cambió mucho desde entonces. Pero hay una constante: "Nunca se les ha pagado bien a los tucumanos. A la gente que traían de otros lados les pagaban todo."
Dificultades
Más tarde recorrió el país con su parque de diversiones. En Tucumán, un hombre lo denunció y le quisieron cobrar "un impuesto muy grande que ya no se podía pagar".
Los puesteros del parque se marcharon a fundar sus calesitas estables. "Tampoco han andado bien, porque vinieron los carruseles; con semejante lujo los chicos no querían saber nada más", asegura con una sonrisa.
Llegaron más problemas. Fue desalojado. Lo estafaron cuando intentó adquirir una vivienda y le desvalijaron una casa completa en Los Ralos, su pueblo natal.
Después compró un carro y se instaló en la calle, hasta que lo albergó su hijo. "Es un barrio peligroso, a veces hay tiros al aire. Y como el kiosquito en que duermo dice 'venta de sandwiches', a veces viene uno a las cuatro de la mañana, golpea y dice 'deme dos de mila'".
Abandona la faceta humorística para afirmar: "cuando me iba bien era muy generoso con mi familia; ahora me siento un poco mal porque no puedo".
Aunque su mujer, de 71 años, está enferma, sólo pide un terreno para su nieta de 13 años. "Lo único que quiero es que quede algo para ella", reitera.
En el escenario
Como el Turco no tiene jubilación, se mantiene con las presentaciones que hace en algunas peñas los fines de semana.
-¿Qué siente al subir al escenario?
-Ahora me cuesta un poco por la edad. Antes me amanecía y no había problema.
Las tablas lo siguen salvando. "A veces estoy mal, me quedo sentado pensando cosas... Y cuando me toca subir al escenario, yo mismo me admiro porque ahí soy otra persona, ya no me siento de 72 años. Eso me dura una o dos horas, y me vuelvo a poner mal, no sé por qué".
Salvando l Turco
El espectáculo "Humoricanto (la guerra del humor)" está destinado a recaudar fondos para ayudar a Esmail. En él participarán los humoristas tucumanos Agapito, Cachetón, Turrón y Armando Álvarez.
Éste último dijo sobre el Turco: "hizo reír a los más grandes empresarios de las épocas pasadas y hoy no tiene quién le dé una mano para sacarlo de la indigencia en la que está sumido".
Recordó que "se murió el Pesao Gerez, se murió Jacinto Sosa Lucero, y no recibieron una línea de reconocimiento". Por eso intenta salvar a este legendario cómico.
"No dejemos que se muera este hombre, porque con él se irá toda una época de nostalgia", agregó.
Las presentaciones se realizarán los días 16 y 17 de mayo, en Aguilares y Concepción.
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