Deportes
Martes 29 de Julio de 2008
Publicada en la Edición Impresa
Maradona no tiene derecho a tratar de cobarde a Messi
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Maradona no es Messi. Su solo apellido en el fútbol, su sola presencia en cualquier conflicto, no sólo pesa, sino que vuelca cualquier balanza a su favor.
Ni Grondona quiso pelearse definitivamente con Maradona. Tal es el magnetismo del astro, así de enorme es su estatura futbolística.
Pero no tiene derecho alguno de ponerlo en aprietos al muy joven Lio Messi, ni a tratarlo casi de cobarde, porque el pibe "... no toma directamente las valijas y se va a Beijing con la Selección".
Solamente Maradona podría hacer eso y lo habría hecho en su momento si se le presentaba la disyuntiva, porque esa es su naturaleza. Está hecho de esa manera el Diego, contestatario, provocador, irreverente e irresponsable fuera de la cancha. Genio, solidario, guapo, artista exquisito, líder, apasionado, inclaudicable dentro de la cancha.
Messi no es así. Es un gran jugador y normal, no es un barrillete sin cola ni un barrillete cósmico; actúa con serenidad y espera el momento en que la cordura y la generosidad -si la hubiera- en el fútbol mundial, le permitan dejar por poco tiempo al Barcelona y jugar en Beijing con la Selección Argentina, que por supuesto lo necesita.
Pero a Messi, evidentemente no se le va la vida en esta "patriada" que inventó sólo Maradona. Está hecho de otra madera y tiene los pies en la tierra como el mismo Maradona ni se lo imagina.
Al Diego parece no importarle el clima que vivirá el chico si le hace caso y el vacío que tendrá al volver. Hasta será sacado del club y vendido con una cotización más baja si se hace el rebelde y "saca los pies de un plato" que no lo tiene claro ni la misma FIFA, cuyos reglamentos no lo obligan a ser generoso al Barsa, que tiene la ley de su lado.
Maradona debe pelear porque se cambien los reglamentos y despotricar o insultar si quiere a los directivos del Barcelona, pero no es justo que maltrate a un joven de ejemplar comportamiento como Messi, que en la cancha es menos que el "Diez" pero deslumbra.
Un joven que fuera de la cancha, resulta un verdadero orgullo para el deporte y la sociedad Argentina. Al contrario de todo lo que representa Maradona para la Argentina, fuera de una cancha.
Ni Grondona quiso pelearse definitivamente con Maradona. Tal es el magnetismo del astro, así de enorme es su estatura futbolística.
Pero no tiene derecho alguno de ponerlo en aprietos al muy joven Lio Messi, ni a tratarlo casi de cobarde, porque el pibe "... no toma directamente las valijas y se va a Beijing con la Selección".
Solamente Maradona podría hacer eso y lo habría hecho en su momento si se le presentaba la disyuntiva, porque esa es su naturaleza. Está hecho de esa manera el Diego, contestatario, provocador, irreverente e irresponsable fuera de la cancha. Genio, solidario, guapo, artista exquisito, líder, apasionado, inclaudicable dentro de la cancha.
Messi no es así. Es un gran jugador y normal, no es un barrillete sin cola ni un barrillete cósmico; actúa con serenidad y espera el momento en que la cordura y la generosidad -si la hubiera- en el fútbol mundial, le permitan dejar por poco tiempo al Barcelona y jugar en Beijing con la Selección Argentina, que por supuesto lo necesita.
Pero a Messi, evidentemente no se le va la vida en esta "patriada" que inventó sólo Maradona. Está hecho de otra madera y tiene los pies en la tierra como el mismo Maradona ni se lo imagina.
Al Diego parece no importarle el clima que vivirá el chico si le hace caso y el vacío que tendrá al volver. Hasta será sacado del club y vendido con una cotización más baja si se hace el rebelde y "saca los pies de un plato" que no lo tiene claro ni la misma FIFA, cuyos reglamentos no lo obligan a ser generoso al Barsa, que tiene la ley de su lado.
Maradona debe pelear porque se cambien los reglamentos y despotricar o insultar si quiere a los directivos del Barcelona, pero no es justo que maltrate a un joven de ejemplar comportamiento como Messi, que en la cancha es menos que el "Diez" pero deslumbra.
Un joven que fuera de la cancha, resulta un verdadero orgullo para el deporte y la sociedad Argentina. Al contrario de todo lo que representa Maradona para la Argentina, fuera de una cancha.
Por Luis Monti
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