Política
Piden perpetua y cárcel común para Bussi y Menéndez
A lo largo de 2 horas y 45 minutos, el fiscal general Alfredo Terraf detalló en un tono coloquial, enérgico y con recuerdos de su época de estudiante, como funcionó el aparato represor durante la dictadura militar. La penúltima jornada del juicio oral en contra de Antonio Domingo Bussi y Luciano Benjamín Menéndez, por la desaparición del senador provincial Guillermo Vargas Aignasse en 1976, se realizó en un marco de tranquilidad en el Tribunal Oral en lo Federal Criminal. Apenas en un par de oportunidades el vocal Gabriel Casas, a cargo de la conducción del proceso, debió llamar al orden.
Cuando faltaba un minuto para las 10.00 de la mañana Terraf comenzó con su alegato. Lo hizo ante un Bussi visiblemente demacrado por una barba sin afeitar de 10 días y una sonda que le suministraba oxígeno. El ex gobernador ingresó al recinto en silla de ruedas en tanto que Menéndez lo hizo por sus propios medios.
Luego de su extensa alocución, que fue transmitida en directo a través de Canal 7 y Canal 10, solicitó que los ex militares sean condenados a prisión perpetua ya que según su interpretación de los hechos, son coautores mediatos de los delitos de violación de domicilio y violación ilegítima de la libertad agravada, aplicación de tormentos reiterados, homicidio calificado y asociación ilícita, en concurso real con el delito de genocidio, previsto por el Derecho Internacional. También solicitó que ambos cumplan la pena en un presidio común.
La presentación de Terraf, un funcionario judicial con pasado partidario en la Unión Cívica Radical, no se circunscribió a los límites de las cuestiones jurídicas, ya que hubo consideraciones políticas y filosóficas junto a las consideraciones de tipo legal.
Tiranía y terror
El fiscal comenzó recordando que "la Argentina padeció una tiranía, que implementó un plan organizado de terror, que tenía por objetivo eliminar al que pensaba distinto de quienes ejercían el poder. Bastaba con la simple disidencia de pensamiento, no de acción, para ser víctima del terrorismo genocida".
"Lo que le pasó a Vargas Aignasse, en la madrugada del 24 de marzo de 1976, no fue un hecho aislado ni algo que sucedió por casualidad, sino que fue consecuencia de un plan tenebrosamente planificado, que tenía por fin el aniquilamiento del pensamiento e instaurar una tiranía para todos los tiempos", recalcó el fiscal. Insistió en que, por ello, "actuaron de noche, encapuchados, secuestraron a embarazadas y cambiaron de lugar el hogar de cientos de niños, porque desde la impudicia del poder creyeron que nunca el juicio de la historia les iba a llegar, dado eran tan omnipotentes que nadie podía sentarlos en el banquillo de los acusados".
Terraf refutó la tesis sostenida por Bussi y Menéndez de que en la Argentina, durante los '70, hubo una guerra, ya que "ni el Congreso durante el gobierno de la derrocada presidenta Estela Martínez de Perón ni posteriormente los propios militares declararon tal estado de cosa". "Nadie puede liberar la Patria asesinando a sus compatriotas. ¿De qué guerra me hablan?, ¿Qué ejército tenía Vargas Aignasse en su casa, donde sólo había pañales y chupetes de sus cuatro hijos? Si hubo una guerra, ¿dónde están los cuerpos de Angel Gerardo Pisarello, de José Chebaia o del docente Francisco Isauro Martínez?, todos desaparecidos", inquirió el fiscal.
Tres horas de alegato
Durante su alegato de casi tres horas y tras haber subrayado que "en Tucumán no volaba ni un pájaro sin que lo supieran Bussi y Menéndez", el fiscal retrucó la tesis, sostenida por Bussi, de que la Junta de Comandantes libró una orden precisa de las personas que debían ser detenidas -por ser opositoras- tras el golpe de Estado.
"Es posible pensar que (Jorge) Videla, (Emilio) Massera y (Orlando) Agosti confeccionaban la lista de los que debían desaparecer en Resistencia, en Tucumán o en Tierra del Fuego? A eso lo decidían en cada lugar. Es de sentido común y, además, lo confirmó Eduardo Cattáneo, que era el segundo de Bussi en el Comando de la V Brigada de Infantería", destacó Terraf.
El fiscal también aseveró que "hay que tener un ser diferente al de la especie humana para torturar a otra persona", lo que configura a este delito "en uno de los más aberrante", y varios testigos que pasaron por la cárcel de Villa Urquiza recordaron "los 'hay' (sic) de dolor de Vargas Aignasse, un hombre fracturado y picaneado también en la lengua y en los genitales". El fiscal, que calificó de miserables "a quienes picanean en la cárcel, y luego van a misa, rezan, le piden a Dios y se golpean el pecho"
Finalmente, el fiscal calificó de "pantomima" la tesis sostenida por la defensa de Bussi, según la cual Vargas Aignasse fue secuestrado por desconocidos -presuntamente pertenecientes a grupos de izquierda- el 5 de abril de 1976.
Duro debate político
Hubo una polémica cuando Bussi pidió el uso de la palabra y aseveró que en 1987 Terraf le había solicitado a Bandera Blanca, partido que llevó al ex militar como candidato a gobernador, los votos para que en el Colegio Electoral fuera elegido el radical Rubén Chebaia (finalmente resultó ungido el peronista José Domato).
"El rogaba y negociaba mis electores para que lo hicieran a favor de sus jefes políticos de turno. Yo lo rechacé de plano, porque jamás voy a vulnerar la voluntad popular. Este pedigüeño de ayer es el vengativo de hoy", lanzó el militar retirado.
Terraf retrucó que el juicio no era contra él, sino contra Bussi, y aclaró que en 1987, en su carácter de vicepresidente de la UCR y "con mucha honra", se había limitado a "pedir que se respetara la voluntad popular (Chebaia era el candidato que más votos había obtenido), pero Bussi no estaba acostumbrado a hacerlo, como no lo hizo el 24 de marzo de 1976".
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